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REVISTA VEA AÑO 24 JUNIO 10 AL 16 1996

Santa Fe de Bogotá

GUERRA QUIMICA A SECTA RELIGIOSA

 

Su inicio, a juzgar por las denuncias de las Comunidades Tao de Colombia, ocurrió en el pasado mes de mayo, cuando una avioneta fumigó con materias venenosas (Glifosato, dicen) la fmca Bogotacito, ubicada en la vereda El Taladro, municipio de Gambita en Santander, propiedad de la comunidad Tao, donde unos 300 monjes, hombres, mujeres y niños, se dedican a las actividades específicas de su corriente filosófica.
Los taoístas, en carta al presidente Samper, acusan de esto a las autoridades de Santander, encabezado por el gobernador Mario Camacho Prada, algunos militares y el obispo de San Gil, monseñor Gómez Serna. Pero el anecdotario surge tres años antes desde cuando los hoy propietarios del predio se lo compraron a una familia de apellido Camargo. Cuando la familia Camargo era dueña de la finca, ésta era la entrada al gran bosque de montañas vírgenes, protegidas casi siempre por una espesa capa de niebla.
Por la finca entraba cualquier persona. Unos a cazar, otros iluminar el bosque y un 110% a sembrar amapola en una zona casi inaccesible y por lo tanto protegida de curiosos y autoridades.


Los taoístas declaran que cuando compraron dicho predio. El paso libre por allí se acabó. Se delimitaron los linderos de la finca, se puso una gruesa puerta de hierro a la entrada y se le dio a la finca un carácter que cualquiera da a un terreno que ha comprado: propiedad privada.


Esto no vino bien a los usuarios del bosque y mucho menos a quienes habían plantado un gran cultivo de amapola en lo alto de las montañas, cuyas matas fueron arrancadas por las manos de los mismos monjes.

En un principio se nos acusó de ser depredadores del ambiente. Pero las autoridades ambientales, después de varias visitas, encontraron que no había nada irregular. Se dijo que estábamos dentro de la zona de amortiguamiento del santuario de flora y fauna de Gaunenté, pero esta zona no se halla delimitada y la verdad es que estamos muy lejos", Dice Ricardo Casadiegos, un miembro de la comunidad. Lo cierto es que a partir de allí, el asedio sobre las taoístas no ha conocido sosiego tanto por parte de las autoridades como de los medios de comunicación de Bucaramanga, que se encargaron de difundir el supuesto peligro de dicha comunidad en la zona. Los taoístas alegan que siendo aquello una propiedad privada, siendo ellos personas honestas, integrantes de una comunidad internacional (Hay varios monjes de nacionalidad norteamericana y europea, lo mismo que suramericanos), pero ante todo respetuosos del ecosistema, pues esa es una de las bases más firmes de su filosofía, mal pueden ser algo negativo contra nada ni contra nadie.

 


El sábado cuatro de mayo, cuando las relaciones pasaban por un período de tensa calma, dos guardabosques del Ministerio del Medio Ambiente, fueron detectados por varios monjes en el momento en que, al parecer, procedían a regar materias químicas en los afluentes de las fuentes de agua de la que hacen uso todos los monjes. En la denuncia que hace el monje Jacobo Antonio Arévalo. Afirma que cuando los guardabosques fueron sorprendidos corrieron a refugiarse en medio de por lo menos 50 miembros del Ejército, revueltos con unidades antinarcóticos ‘Cobras’ numero 4, al mando de un cabo de apellido Yépez y un sargento de apellido Moza.


Según ellos, son unidades acantonadas en el caserío de Violín, al mando del capitán Hugo Mosso y pertenecientes al batallón de artillería número 5 Galán, de Socorro.
Siete días antes de este incidente se había detectado la presencia de una avioneta de fumigación rociando la finca con químicos.

El 7 de enero de 1996, a las 4 de la tarde, el entonces comandante del puesto de Virolín, capitán Sánchez, identificado con la C.C No. 80.411 476 de Usaquen, Bogotá, hizo una visita formal a la finca y certificó no haber encontrado irregularidades o ilegalidades cometidas en el templo vegetal ‘Sacroacuarios’, nombre actual de la finca. y conceptúa que se trata de una comunidad normal, practicante de una disciplina religiosa amparada por la Constitución Nacional.La visita del capitán Sánchez fue calificada de respetuosa y amable, consta en un acta firmada por su mano.

 

LOS EFECTOS


La misma tarde de la fumigación se presentaron los primeros síntomas malignos entre los miembros de la comunidad. 70 de ellos tuvieron que ser tratados de emergencia con medicinas naturales, pues presentaban síntomas de grave envenenamiento.
Los síntomas eran diarrea, hemorragia nasal, vómito con sangre, parálisis muscular y facial, dolor en las partes sexuales, convulsiones, obstrucción de los 5 sentidos y perdida del equilibrio, entre otros. Murieron cuatro chivas, tres cabras y un gato. Lo mismo ocurrió con varias colmenas de abejas que los monjes tienen para su sustento. Hacia el 20 de mayo los afectados habían llegado a doscientos. Muchos de ellos tuvieron que partir a las ciudades y a sus hogares para evitar morir envenenados.

 

 

 

 



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